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La industria del turismo se adapta a los viajeros mayores

Posted by Paradise Village Real Estate on July 2, 2019
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Según la Organización Mundial de la Salud, el porcentaje de población mundial por encima de los 60 años se va a duplicar para 2050.

Samantha Flores pasaba por un mal momento tratando de avanzar en el aeropuerto. Los carteles eran difíciles de ver, los anuncios orales eran difíciles de escuchar y la gente que pasaba apurada la hacía sentir inestable con sus rodillas endurecidas. Finalmente, no sin alivio, se abrió camino hasta un banco para sentarse, recuperar el aliento y quitarse el “traje de simulación de edad”.

Samantha es directora de diseño experimental del estudio de arquitectura Corgan y el traje de casi 14 kilos tenía la finalidad de ayudar a que ella, de 32 años, sintiera las dificultades físicas de andar por el mundo como una persona mayor. Los anteojos que llevaba y los auriculares le disminuían la vista y el oído. Los guantes reducían su tacto y simulaban temblores en las manos. Zapatos con peso agregado, junto con limitadores de movimiento del cuello, los codos y las rodillas, le daban una sensación aproximada de las restricciones de la movilidad.

La utilización de estos trajes es una de las formas que los diseñadores que trabajan para aeropuertos y la industria de los viajes en general están empezando a explorar para la creación de espacios para diferentes grupos de personas. Y la gente mayor es un grupo cuyos números están creciendo.

Según la Organización Mundial de la Salud, el porcentaje de población mundial por encima de los 60 años prácticamente se va a duplicar para 2050, pasando del 12% a ser el 22 %. En Estados Unidos, la Oficina del Censo estima que para 2035, la gente de 65 años y más va a superar a los chicos por primera vez.

Manos a la obra

Si bien algunas adaptaciones de diseño para viajeros mayores pueden parecer obvias, como el emplazamiento de más asientos para paradas frecuentes, otras no son tan evidentes.

Investigaciones realizadas por el estudio Corgan determinaron que la gente mayor es más proclive a mirar hacia abajo cuando camina, lo cual implica que pueden no ver los carteles de orientación colocados sobre su cabeza. De modo que la empresa sugirió que sus aeropuertos clientes pusieran más información cerca del piso.

También encontró que los pasajeros mayores de líneas aéreas con frecuencia se dirigen directamente hacia su puerta de embarque para reducir la inquietud por temor a perder su vuelo, con lo cual pasan de largo por los negocios de los principales concesionarios. El estudio recomienda que los aeropuertos incorporen más opciones de alimentación cerca de las zonas de embarque.

La empresa también detectó que deben evitarse los suelos brillosos porque pueden parecer mojados y hacer que la gente se preocupe ante la posibilidad de caerse. Donald P. Hoover, director asociado de la Escuela Internacional de la Industria de la Hospitalidad y Administración de Turismo de la Universidad Fairleigh Dickinson, dijo que las industrias del ocio y el turismo harían bien en poner el foco en este grupo.

“Deben considerar las limitaciones relacionadas con la edad y tenerlas en mente cuando diseñan y crean todo aquello que se asocie con la experiencia de los huéspedes”, sostuvo.

Dijo también Hoover que muchos de los cambios podrían beneficiar a los viajeros de todas las edades. En los hoteles o en los aeropuertos, por ejemplo, acortar el tiempo que se pasa esperando en la cola para hacer el check in, entrenar al personal para que reconozca y actúe en función de necesidades especiales de los huéspedes, o diseñar websites más sencillos y cuartos de baño más ergonómicos podría mejorar la experiencia de todos.

 

Algunas adaptaciones son más técnicas. Unos pocos aeropuertos han empezado a instalar sistemas especiales que transmiten anuncios directamente al receptor interno del audífono de los usuarios, permitiendo que quienes tienen dispositivos auditivos puedan entender más fácilmente los anuncios en las puertas de embarque. Entre quienes están usando estos sistemas figuran el aeropuerto de Detroit y el de Rochester, en el estado de Nueva York.

Primeras pruebas

Un grupo pequeño de aeropuertos, entre ellos Los Ángeles y Seattle-Tacoma, han empezado hace poco a ofrecer Aira, anteojos para personas con visión reducida o ciegos. Por medio de Wi-Fi, estos anteojos se conectan con un guía capacitado para ver lo que están mirando los usuarios y ayudarlos a desplazarse por el aeropuerto, identificar su equipaje y efectuar otras tareas. Kevin Phelan, vicepresidente de ventas y marketing de Aira, dice que los principales requerimientos de la gente mayor que usa sus servicios en hoteles y alojamientos Airbnb son completar un recorrido de tal modo que puedan evitar los riesgos de tropezarse y “regular sus termostatos”.

El aeropuerto de Seattle estima que el 35 por ciento de las personas que pasaron por él el año pasado tenían 55 años o más, según Perry Cooper, vocero del aeropuerto. Para atender a ése y a otros grupos, el aeropuerto ha comenzado a poner a su disposición un servicio eléctrico de traslado entre la estación del tren liviano del aeropuerto y la terminal del aeropuerto en sí, de modo que los pasajeros no tengan que caminar esos varios cientos de metros. Un servicio para pasajeros que llegan en cruceros desde Alaska les permite mandar su equipaje directamente desde el barco al vuelo de salida.

En el Aeropuerto Internacional de Tampa, la proporción de viajeros mayores es más alta que los niveles nacionales: el 40 por ciento de los pasajeros adultos tiene 55 años o más, dice Danny Valentine, vocero del aeropuerto.

Samantha Flores pasaba por un mal momento tratando de avanzar en el aeropuerto. Los carteles eran difíciles de ver, los anuncios orales eran difíciles de escuchar y la gente que pasaba apurada la hacía sentir inestable con sus rodillas endurecidas. Finalmente, no sin alivio, se abrió camino hasta un banco para sentarse, recuperar el aliento y quitarse el “traje de simulación de edad”.

Samantha es directora de diseño experimental del estudio de arquitectura Corgan y el traje de casi 14 kilos tenía la finalidad de ayudar a que ella, de 32 años, sintiera las dificultades físicas de andar por el mundo como una persona mayor. Los anteojos que llevaba y los auriculares le disminuían la vista y el oído. Los guantes reducían su tacto y simulaban temblores en las manos. Zapatos con peso agregado, junto con limitadores de movimiento del cuello, los codos y las rodillas, le daban una sensación aproximada de las restricciones de la movilidad.

Según la Organización Mundial de la Salud, el porcentaje de población mundial por encima de los 60 años prácticamente se va a duplicar para 2050, pasando del 12% a ser el 22 %. En Estados Unidos, la Oficina del Censo estima que para 2035, la gente de 65 años y más va a superar a los chicos por primera vez.

Manos a la obra

Si bien algunas adaptaciones de diseño para viajeros mayores pueden parecer obvias, como el emplazamiento de más asientos para paradas frecuentes, otras no son tan evidentes.

Investigaciones realizadas por el estudio Corgan determinaron que la gente mayor es más proclive a mirar hacia abajo cuando camina, lo cual implica que pueden no ver los carteles de orientación colocados sobre su cabeza. De modo que la empresa sugirió que sus aeropuertos clientes pusieran más información cerca del piso.

Los aeropuertos incorporan mejoras y tecnología que facilitan los movimientos de los adultos mayores (Getty Images)

Los aeropuertos incorporan mejoras y tecnología que facilitan los movimientos de los adultos mayores (Getty Images)

También encontró que los pasajeros mayores de líneas aéreas con frecuencia se dirigen directamente hacia su puerta de embarque para reducir la inquietud por temor a perder su vuelo, con lo cual pasan de largo por los negocios de los principales concesionarios. El estudio recomienda que los aeropuertos incorporen más opciones de alimentación cerca de las zonas de embarque.

La empresa también detectó que deben evitarse los suelos brillosos porque pueden parecer mojados y hacer que la gente se preocupe ante la posibilidad de caerse. Donald P. Hoover, director asociado de la Escuela Internacional de la Industria de la Hospitalidad y Administración de Turismo de la Universidad Fairleigh Dickinson, dijo que las industrias del ocio y el turismo harían bien en poner el foco en este grupo.

Dijo también Hoover que muchos de los cambios podrían beneficiar a los viajeros de todas las edades. En los hoteles o en los aeropuertos, por ejemplo, acortar el tiempo que se pasa esperando en la cola para hacer el check in, entrenar al personal para que reconozca y actúe en función de necesidades especiales de los huéspedes, o diseñar websites más sencillos y cuartos de baño más ergonómicos podría mejorar la experiencia de todos.

Deben considerarse las limitaciones relacionadas con la edad y tenerlas en mente cuando diseñan y crean todo aquello que se asocie con la experiencia de los pasajeros (Shutterstock)

Deben considerarse las limitaciones relacionadas con la edad y tenerlas en mente cuando diseñan y crean todo aquello que se asocie con la experiencia de los pasajeros (Shutterstock)

Algunas adaptaciones son más técnicas. Unos pocos aeropuertos han empezado a instalar sistemas especiales que transmiten anuncios directamente al receptor interno del audífono de los usuarios, permitiendo que quienes tienen dispositivos auditivos puedan entender más fácilmente los anuncios en las puertas de embarque. Entre quienes están usando estos sistemas figuran el aeropuerto de Detroit y el de Rochester, en el estado de Nueva York.

Primeras pruebas

Un grupo pequeño de aeropuertos, entre ellos Los Ángeles y Seattle-Tacoma, han empezado hace poco a ofrecer Aira, anteojos para personas con visión reducida o ciegos. Por medio de Wi-Fi, estos anteojos se conectan con un guía capacitado para ver lo que están mirando los usuarios y ayudarlos a desplazarse por el aeropuerto, identificar su equipaje y efectuar otras tareas. Kevin Phelan, vicepresidente de ventas y marketing de Aira, dice que los principales requerimientos de la gente mayor que usa sus servicios en hoteles y alojamientos Airbnb son completar un recorrido de tal modo que puedan evitar los riesgos de tropezarse y “regular sus termostatos”.

El aeropuerto de Seattle estima que el 35 por ciento de las personas que pasaron por él el año pasado tenían 55 años o más, según Perry Cooper, vocero del aeropuerto. Para atender a ése y a otros grupos, el aeropuerto ha comenzado a poner a su disposición un servicio eléctrico de traslado entre la estación del tren liviano del aeropuerto y la terminal del aeropuerto en sí, de modo que los pasajeros no tengan que caminar esos varios cientos de metros. Un servicio para pasajeros que llegan en cruceros desde Alaska les permite mandar su equipaje directamente desde el barco al vuelo de salida.

En el Aeropuerto Internacional de Tampa, la proporción de viajeros mayores es más alta que los niveles nacionales: el 40 por ciento de los pasajeros adultos tiene 55 años o más, dice Danny Valentine, vocero del aeropuerto.

En el transcurso de un gran proyecto de renovación y expansión que se terminó el año pasado, el aeropuerto de Tampa, estado de Florida, trabajó junto con la empresa de diseño HOK y con la constructora Skanska para minimizar las distancias a recorrer a pie y crear un trazado abierto, a fin de que los pasajeros puedan encontrar con facilidad el trayecto hacia las puertas de embarque, los baños y los restaurantes. Se agregó personal adicional distribuido a través de toda la terminal. “Para los pasajeros mayores”, sostiene Valentine, “es importante tener contacto humano”.

 

Viajes multigeneracionales

También las cadenas hoteleras, como Marriott Internacional, afirman estar prestando particular atención a las tendencias de viaje de los huéspedes de mayor edad. Toni Stoeckl, vicepresidente de marcas selectivas de Marriott International, dice que una de sus marcas, Element Hotels, incorpora este año “Studio Commons”, unidades con cuatro habitaciones distribuidas en torno a una zona compartida.

El concepto se desarrolló en parte como respuesta al crecimiento de los viajes familiares multigeneracionales. En las unidades nuevas, dice Stoeckl, “la gente mayor puede tener su propia habitación privada pero de todos modos compartir un área común de convivencia con sus hijos o nietos”.

 

Las compañías de menores dimensiones contemplan esas necesidades igualmente. Joanne Cunningham, directora de ventas y marketing de Dunes Manor Hotel & Suites, en Ocean City, Maryland, dijo que algunos de los clientes del hotel van allí desde los años 60.

Los directivos quisieron asegurarse de que pudieran seguir volviendo y alojarse cómodamente con sus hijos y nietos, de manera que Dunes convirtió los tres pisos superiores, de los 11 que tiene, en ambientes que resultan amigables para las personas mayores, equipándolos con duchas en lugar de bañeras, y mobiliario y dispositivos sencillos de usar para los huéspedes de más edad, como ser lámparas extra luminosas y enchufes grandes y bien visibles para los artefactos electrónicos.

“Es importante cuidar bien de huéspedes que han sido parte de nuestra ‘familia’ durante tantos años”, dijo Cunningham.

Algo similar pasa con los negocios pequeños que adoptan medidas para ser más amigables respecto de los mayores. Miceal O’Hurley, propietario de la heladería Fantastic Flavours de Youghal, en Irlanda, calcula que casi la mitad de sus clientes son jubilados de Estados Unidos y Europa. El año pasado, O’Hurley trabajó con gente mayor y con arquitectos para analizar cada aspecto de lo que les ocurría en el negocio a sus clientes y eliminó peligros de tropiezos e instaló una mejor iluminación.

Dice que ensanchó los marcos de las puertas para que las personas pudieran pasar ayudadas por un amigo. Compró bases más firmes para las mesas a fin de que los clientes pudieran apoyarse bien cuando se levantan de las sillas y eliminó algunos muebles para que sea más fácil desplazarse por el lugar. La heladería instaló amortiguadores de sonido para disminuir los ruidos fuertes y moderar las frecuencias altas que forzaban a que no pocos viajeros mayores apagaran sus audífonos.

 

Jimmy Carroll, cofundador de la compañía de viajes y expediciones Pelorus, dice que ha comprobado que a medida que los viajes multigeneracionales se han ido volviendo más populares, los abuelos “no quieren perderse nada”. Dice que su staff trata de encontrar formas de que todos participen en las actividades. En una excursión familiar a Costa Rica, por ejemplo, una abuela navegó en un vehículo submarino manejado por un piloto mientras los nietos nadaban haciendo snorkel alrededor de ella.

Pelorus también organiza experiencias para sus clientes mayores con el propósito de “que hagan algo que creían que ya no era posible”, dice Carroll.

Aixa Ritz, que investiga el turismo sustentable en la escuela de hotelería Fairleigh Dickinson, opina que “la definición de aventura cambia a medida que vamos envejeciendo”. Tiene 72 años y dice que a ella y a sus amigos todavía les entusiasma ver lugares nuevos, “pero queremos que se encarguen de todo”.

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